Muy rápido.
Si repito el mismo taller varias veces seguidas…
aunque sean empresas distintas…
lo cambio.
A veces detalles.
A veces todo.
Y sí, eso implica rehacer materiales constantemente.
Pero tiene un porqué.
La comunicación no es un guion.
Es algo vivo.
Y yo no puedo trabajarla desde el piloto automático.
Porque cuando repites sin cuestionar, pasa algo peligroso:
dejas de escuchar
dejas de observar
dejas de adaptarte
Y entonces ya no estás comunicando.
Estás soltando contenido.
Por eso, cada vez que rediseño un taller, vuelvo al origen:
al diálogo interno que lo condiciona todo.
En cómo nos hablamos.
En las etiquetas que usamos.
En creer que sabemos lo que piensan los demás (spoiler: no).
En convertir juicios en “realidades”.
Y desde ahí:
👉 evitamos conversaciones
👉 reaccionamos a la defensiva
👉 generamos conflictos innecesarios
En empresa esto es clave.
No es falta de ganas.
Es falta de herramientas.
Por eso mis talleres no van de hablar bonito.
Van de vivirlo.
De ver, con dinámicas prácticas,
cómo el lenguaje cambia todo:
una frase mal interpretada… puede escalar un conflicto.
y un cambio de enfoque… puede transformarlo.
Porque si no estoy presente,
si no acompaño de verdad,
no sirve.
Por eso no trabajo en automático.
Y si te soy sincera:
es lo que más me gusta.
El cambio constante.
Lo de siempre… me aburre.
¿Y a ti? ¿Te pasa o prefieres un trabajo más automático?